sábado, octubre 21, 2006

Entrevista a Álvaro Soto

"La mejor fórmula para promocionar es la lealtad y el trabajo en equipo"
Lleva 20 años en Azvi y esta dilatada trayectoria le ha dejado las cosas claras acerca de la gestión en una empresa. Siempre te respetarán si trabajas con "profesionalidad, sentido común y honradez"; es fundamental potenciar "correas de transmisión" para que los empleados estén motivados; y hay que afrontar las crisis con "frialdad y ojo clínico" para atajar los problemas, son sus principales recetas

Álvaro Soto lo tiene claro: "Si la construcción va, todo va". Y, por ello, asegura, la etapa de esplendor que está experimentando el sector se prolongará durante mucho tiempo. Según el director general financiero de la constructora andaluza Azvi, "los políticos y las administraciones son conscientes del efecto arrastre del ladrillo –repercute en el crecimiento de la economía, la creación de empleo, las industrias auxiliares– y, en consecuencia, lo tendrán muy dinamizado de cara al futuro –a través de la licitación pública–". A su juicio, estos organismos seguirán invirtiendo grandes partidas presupuestarias o extrapresupuestarias –vía concesiones o proyectos de financiación público-privada– en este área con el objetivo de que no decaiga.
En cuanto a la estructura empresarial del sector, el directivo gaditano está convencido de que "pronto habrá movimientos de ficha por parte de las grandes constructoras". Para competir a nivel mundial, las compañías necesitan tener dimensión y músculo financiero, "de ahí que vayan a producirse compras y fusiones". "No creo que haya uniones de empresas en Andalucía, sino a nivel nacional", vaticina.

Desde una perspectiva interna, y con el objetivo de llegar lejos en un mercado tan globalizado, "la fórmula está en contar con directivos dinámicos, comunicativos y actualizados", señala. Según Soto, ya quedaron atrás las épocas en las que los jefes se encerraban en sus despachos y se limitaban a dar órdenes sin escuchar a los demás.

"En la actualidad, el directivo que no trabaje en equipo y domine las nuevas tecnologías está perdido". Y predica con el ejemplo: "Yo me reúno hasta 10 veces al día con mis subordinados directos, pues es la única forma de conseguir implicarlos en la consecución de los objetivos de la empresa". Con respecto a las herramientas informáticas, advierte que son fundamentales para no quedarse obsoleto. "Gracias a las plataformas tecnológicas se puede estar al día de los avances sin necesidad de desplazarse", añade.

Pero para conseguir buenos resultados, no es suficiente con que el directivo sea competente, sino contar con el esfuerzo de los empleados. "En Azvi lo que les pedimos es capacidad de trabajo, motivación, lealtad, perseverancia y trabajo en equipo; a cambio, les ofrecemos unas buenas condiciones económicas y la posibilidad de promocionar dentro del grupo", explica.

A lo largo de su carrera, Soto ha podido comprobar que "las empresas atraviesan constantemente por minicrisis" y que, en esos momentos, lo mejor que puede hacer el directivo es sacar su carácter más frío y calculador "para analizar lo que pasa con ojo clínico y atajar el problema". "En mi área, la de finanzas, estamos siempre bajo la espada de Damocles, por la presión de cerrar a tiempo las cuentas y los balances, y para resolver los contratiempos lo mejor es mantener la calma y pensar racionalmente en la solución".

Tras 20 años de trayectoria profesional, al director financiero de Azvi no le queda ninguna duda de que el peor momento de su carrera lo vivió entre 1995 y 1997, cuando la firma resultó adjudicataria de 4 infraestructuras que debían financiarse por el método alemán –la constructora financiaba las obras y, a su término y a lo largo de los 10 años siguientes, la administración se las abonaba–. "Era la primera vez que se hacía en España y los bancos nos dieron la espalda cuando les pedimos 40.000 millones de las antiguas pesetas", recuerda. Sin embargo, la empresa salió del bache, encontró un banco que afrontó la operación y entregó las obras en fecha y forma. "Éste quizá haya sido mi mayor éxito dentro de la empresa; estoy convencido de que esta operación nos puso en el mercado, pues Azvi se ganó el reconocimiento y elrespeto de la banca, el sector de la construcción y la administración".

Durante esos dos largos años, hubo muchos días en los que Soto se llevó los problemas a casa. Y es que el directivo confiesa que "cuando estás tan implicado es muy difícil desconectar". En la actualidad, aún no ha logrado aprender a evadirse: "Me cuesta conciliar el sueño y, a veces, me despierto agobiado a las cuatro de la mañana". Eso sí, lo que no le provoca insomnio es ser posible objeto de críticas por parte de sus subordinados. "No le puedes caer bien a todo el mundo y trato de llevarlo de forma elegante; lo importante es trabajar con profesionalidad, seriedad, sentido común y honradez, así siempre tendrás tu conciencia tranquila", sentencia.
Consciente de que "con el móvil y el correo electrónico siempre vives la empresa", Soto intenta reservar los fines de semana para su familia y aficiones. "Suelo irme al campo con mi mujer y mis hijos –6 y 10 años– y allí aprovecho para montar a caballo e ir de cacería con galgos".
Nacido en Bornos (Cádiz) en 1962, el director financiero de Azvi ingresó en la constructora sevillana allá por 1986 –"poco después de salir de la facultad y hacer la mili"– y ha hecho carrera en la misma. "Soy un modesto profesional que ha crecido aquí". Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales y diplomado en Alta Dirección (AD1) por el Instituto San Telmo, Álvaro Soto empezó en Azvi como administrativo y, de ahí, ascendió a jefe de Contabilidad, subdirector de Finanzas, director de Administración y, por último, a su cargo actual. Confiesa que le gustaría jubilarse en la empresa, ya que se siente cercano a sus valores y a sus propietarios. "Siempre he tenido la premisa de trabajar a gusto y más si lo haces hasta 10 horas diarias". Se define como valiente en la toma de decisiones, aunque afirma que "realmente importantes, sólo se toman cinco al año". Enamorado de la docencia, impartió clases durante la carrera –"así conocí a mi mujer"– y, ahora, da cursos para la Junta y la firma Structuralia. Cree en el factor suerte –"podía haber entrado en otra empresa y haberme ido fatal"–, pero "sólo se llega lejos con esfuerzo". Lo que más detesta de su día a día: "este loro –por el teléfono– que no para de sonar" (durante la entrevista lo hizo más de 10 veces). Y su afición: las máquinas de escribir antiguas; tiene toda una colección en su despacho.

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